Fátima, la refugiada siria que formó su familia en Argentina

Cada persona refugiada o desplazada tiene un pasado, una historia y un destino que debe enfrentar para que esa historia cambie su curso y le permita encontrar un nuevo lugar que le ofrezca prosperidad y la oportunidad de volver a pensar en sus anhelos, en sus proyectos de vida.

Según el último informe de ACNUR, “Tendencias Globales”  el total de personas desplazadas en el mundo es de 65, 6 millones, y es Siria, con 12 millones, el país que mayor cantidad de población expulsa, no solamente dentro de sus fronteras y hacia sus países limítrofes (Turquía es el mayor receptor, con 2,5 millones de refugiados), sino también hacia otras naciones que les abrieron las puertas, durante más de seis años que ya lleva el conflicto armado interno.

Fátima Berro nació en Homs, la tercera ciudad más importante de Siria, y una de las más destruidas por los enfrentamientos. En el año 2013, consternada por la muerte de sus vecinos y compañeros de trabajo a causa de diversos ataques, decidió dejar su tierra natal, sus recuerdos, su familia, sus afectos y tradiciones,  en busca de una nueva vida, de su nueva historia en Buenos Aires, Argentina.

Asegura haberse sentido argentina desde el primer momento que arribó sin hablar ni entender el idioma,  permaneció un año y medio en el país, se dedicó a aprender español y comprender la idiosincrasia latinoamericana, a incorporar costumbres y descubrir las preferencias de los locales, mientras enfrentaba la soledad, luego volvió a Homs e intentó convencer a sus familiares para que ellos también soliciten refugio en el país más austral de América, pero volvió nuevamente sola, buscando una segunda oportunidad, buscando ser feliz.

Conoció a su marido, se casó, quedó embarazada y nació Siriana, que en septiembre cumplirá 2 años. Fátima conformó un hogar, estudia dirección de cine, da clases de árabe y trabaja en un estudio de televisión donde próximamente comenzará a grabar su programa propio sobre cultura oriental. Vivenció momentos muy duros, y no deja de extrañar sus raíces, pero sabe que su lucha y su esfuerzo la han ayudado a cumplir sus metas. Es consciente de las adversidades que deben atravesar los refugiados, y ruega que se les abran las puertas porque las recepciones tolerantes y afectuosas, como la que ella dice haber tenido en Argentina, salvan vidas y posibilitan sueños.

Fátima halló su lugar en el mundo, cambió el curso de su historia, y la comparte  gentilmente con nosotros a través de este testimonio.